Mostrando las entradas con la etiqueta textos febriles. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta textos febriles. Mostrar todas las entradas

martes, marzo 11, 2008

recurrente

fiebre tiene un padre, y él al igual que ella, camina por las calles de la ciudad evitando los humos ásperos del ambiente, asimilando con sus manos el recorrido diario y variable de sus maldiciones en búsqueda de las tierras que saciarán su sed momentáneamente. su forma es oscura, y la amplitud de sus miembros invitan al recuerdo de la noche, en la que por supuesto, fluye más fácil el poder atrayente de su delirio, nombre aún desconocido por la criatura que no acepta razones.
delirio ha salido por la noche. el trayecto de ida y vuelta durará no pocas horas, sin embargo, para delirio, el tiempo no pasa tan tranquilo. en sus percepciones, la noche es menos que un sueño, es por eso que vive sus días insatisfecho, y en casa todos han aprovechado su ausencia para salir, y escapar de los filos de su lengua como un gran felino.
al llegar a casa, delirio ha sido destrozado por los primeros rayos del sol. el líquido que mantenía viva la superficie de su ser, a la que podríamos llamar piel, se ha derramado. sus cabellos, de día se han convertido en cerdas opacas y blanquecinas, exhaustas: han dejado de exhalar al aire los rastros oscuros que el padre heredara a fiebre. un suave y tierno lamento surge del centro exacto de su ser derrotado, y al descubrirse solo en el llano desértico que una vez habitaron los demás a su lado, se deja caer un poco más, se revuelca lentamente en su llanto delirante, silencioso y lleno de rencor.
al recordar esto, las llamas de fiebre disminuyen su alcance, y queda reducida a una pequeña flama en medio del fin del día. la oscuridad, como cada noche, se apodera del espacio de su habitación.

jueves, marzo 06, 2008

esperando el camión

incluso a fiebre le da frío. tal vez a tí te ha pasado, cuando tiritas envuelto en mantas y mantas, sudando la gripe o la cruda.
a fiebre le pasa similar: le cala el frío en un par de áreas sonrosadas en la porción de su ser que podríamos llamar rostro. cerrar los ojos tal vez implique un reto, pues esa mirada que calcina continúa sin importar las inclemencias del tiempo, revelando con fastidio el origen de su dulce furia contenida, al menos por estos momentos.
quizá no deba esperar el camión y subir para ir a casa, quizá lo único que la salve del delirio será recorrer las calles desatada, incendiar la ciudad completa como venganza, gritar la ira acumulada de la cual quedará oscuro rastro por los cielos.
la noche asimilará el desastre: y en casa de fiebre los muros siguen intactos, las pinturas claras y la comida toma calor sobre la llama de la estufa.

viernes, febrero 29, 2008

así nomás

fiebre, rechaza los humos ásperos del ambiente, respingando una pequeña hendidura en la parte superior izquierda de su ser, una pequeña porción amarilla a la que se pueda llamar rostro, cuando avanza por las calles como una llama, calcinando toda piel a su paso.
sólo existe algo que apaga su dulce furia despertada. a fiebre la calma limonada.

***

un par de espejos caminan por la calle tomados de la mano. uno cae rompiéndose en cientos de pedazos y mientras una de las partes comienza a humedecerse, el otro se inclina para recojer a su compañero destrozado.
su ojo, como el de una tarántula, reproducido, se reconoce a sí mismo en el espacio, se agranda poco a poco ocupando las areas de los seres parciales, antes uno solo.

al momento de pasar fiebre no hay manos que se sostengan en sólido. lo único que puede hacer un líquido al caer y hacer contacto con el pavimento hirviendo, es evaporarse inmediatamente.